Al igual que las otras palabras, los nombres de las estrellas están vivos: nacen y evolucionan. En algunos casos perduran nombres que surgen por el error de una o varias personas. Tal es el caso de la estrella Betelgeuse, en la constelación de Orión.

Los nombres de estrellas babilonios y asirios (partiendo de los sumerios), y de griegos (y estos en parte desde los egipcios), se sumaron a los de las tribus de beduinos del desierto de la Península Arábiga, para proporcionar a los científicos árabes los nombres de las estrellas que, en su gran mayoría, han perdurado hasta hoy.

Europa era, en la Edad Media, un lugar oscuro, dominado por la ignorancia. La cultura árabe de la época, mucho más avanzada, trajo a al-Āndālus y al sur de Italia una gran parte del saber de los antiguos, que se había perdido para Occidente siglos atrás. Entre los numerosos conocimientos que los europeos adquirimos de los árabes se encuentra, como sabemos, la astronomía, en la que los nombres de las estrellas jugaron un papel fundamental, gracias, sobre todo, a su aparición en el instrumento que todo astrónomo quería manejar: el astrolabio.

En el largo proceso que llevó a la recepción de la ciencia árabe, por parte de los copistas y traductores europeos, se produjeron innumerables errores de transcripción, que afectaron a menudo también a los nombres de las estrellas y, en ocasiones, incluso a su correspondencia con las estrellas del cielo. Como ejemplo de esto último podemos citar el caso de Meissa, en la cabeza de Orión, que era el nombre de otra estrella de Gemini. La denominación de la estrella β Tauri: Elnath, también deriva de otra confusión, porque en realidad era el de una estrella de Aries.

Yad al-Jauzāh

Este es un nombre de ascendencia árabe indígena (de las tribus beduinas) y quiere decir “La Mano de al-Jauzāh“. El asterismo así denominado, al-Jauzāh, era una figura femenina representada por las estrellas de lo que hoy conocemos como Orión. Su origen no es claro aunque Paul Kunitszch, uno de los mayores estudiosos de los nombres de las estrellas, cree que podría venir de “el medio”. En la cultura árabe al-Jauzāh se utilizaba también para denominar lo que en otras culturas es el signo zodiacal de Géminis, lo que trajo a la larga muchas más confusiones.

Betelgeuse

El nombre de Betelegeuse es una derivación de Yad al-Jauzāh obtenida de errores de transcripción. El primer error se produjo cuando un copista medieval confundió la Y árabe por una B, de lo que se derivó Bedalgeuze. El segundo error llegó en el Renacimiento cuando se identificó esta forma corrupta por “Bāt” (en realidad debió haber sido ibt), “la axila”.

En cualquier caso Betelegeuse nunca podría ser la axila del gigante, sino, en todo caso, la axila de al-Jauzāh, aquella figura femenina de la que hablábamos.

Bibiografía

Kunitzsch, P., Smart, T., 2006, Dictionary of Modern Star Names, Cambridge, USA: Sky Publishing.

Esta entrada fue publicada el Thursday, October 30th, 2014 at 14:08 y se encuentra archivada en la categoría de Astronomía, nombres de estrellas. Puedes seguir los comentarios a esta entrada por medio de RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.

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