Jorge A. Vázquez

Hace ya bastantes años que la comunidad científica alcanzó el consenso. El cambio que se está produciendo en el clima es antropogénico (es decir, provocado por el hombre). Se dice esto porque no existen apenas científicos que duden, hoy en día, que el aumento de temperaturas que se registra año a año en la Tierra está producido por el hombre. La inmensa mayoría de artículos publicados sobre el tema (en una proporción aplastante) dejan patente que la especie humana está alterando el clima por culpa, principalmente, de las emisiones de CO2 o dióxido de carbono.

Un debate científico no se puede plantear como un debate televisivo, en el que las dos partes concurren con un representante cada una. Un debate científico serio explica cuál es la opinión predominante y por qué. Parafraseando a William K. Hartmann, si 999 científicos de cada 1 000 se mofan del asunto de la cara de Marte no podemos llevar a televisión a un científico a favor y a otro en contra, sino que hay que explicar cuál es la opinión mayoritaria y por qué. En este orden de cosas, nos vamos a encontrar, en las próximas décadas, con un sector tremendamente minoritario de investigadores y divulgadores poco serios, que seguirán planteando dudas al respecto de este tema, a pesar de que la inmensa mayoría de investigadores tenga clarísimo que el cambio climático está siendo provocado por la actividad humana por la enorme e irrefutable acumulación de pruebas que existen al respecto.

 

incremento de temperaturas desde el siglo 19

Variaciones en la temperatura de la Tierra, medias por décadas. Fuente: The Berkeley Earth team.

 

En este pequeño artículo, y en otros futuros, trataré de desmontar algunas de las principales argumentaciones de los negacionistas, al menos las que me he encontrado en las redes sociales. Con una mente abierta, crítica, racional y realmente escéptica, no se puede negar que el clima está cambiando y que el hombre es el principal causante de este fenómeno. Por eso, a los que niegan el cambio climático se les llama negacionistas, nunca escépticos, salvo que se les llame así por error o desconocimiento.

Empecemos con los argumentos.

 

Existe un nexo directo entre la mayor abundancia de CO2 y el aumento de temperatura de la Tierra

Las cualidades del CO2 como gas de efecto invernadero se conocen desde 1861, gracias a los estudios de John Tyndal, así como por décadas de estudios realizados en laboratorios (Herzberg 1953, Burch 1962, Burch 1970, etc). El efecto invernadero de la Tierra se produce porque los gases que lo provocan dejan pasar la energía del Sol para que se caliente la Tierra, que trata a su vez de devolver ese calor al espacio, en forma de radiación infrarroja. Sin embargo, estos gases presentes en la atmósfera, que sí dejaban pasar la luz del Sol, absorben esa radiación infrarroja que la Tierra devuelve al espacio, calentándose y elevando la temperatura de la atmósfera, devolviendo más radiación infrarroja o calor al suelo y a los océanos. Este proceso hace que la temperatura del suelo y de los océanos aumente.

La Tierra, de forma natural, recibe energía del Sol y la refleja al espacio en forma de calor o, dicho de otro modo, radiación infrarroja. Mediante este proceso los planetas alcanzan lo que se conoce como temperatura de equilibrio, que se calcula como un balance entre la radiación que absorbe y la que refleja. Aplicando los cálculos a nuestro planeta, resulta que su temperatura de equilibrio es de 255 K, es decir, -18º C. Si sabemos que la temperatura media de la Tierra está en torno a los 15º C, vemos que existe una diferencia de +33K, que se debe al llamado efecto invernadero, que viene producido por ciertos gases presentes en la atmósfera, como el vapor de agua, el CO2 y el metano. Estos gases actúan, pues, como una manta, que evita que se escape todo el calor de la Tierra. El problema con el que nos encontramos actualmente es que la Tierra va a tener muy pronto el doble de C02 del que tenía antes del siglo XIX, o dicho de otro modo, vamos a tener dos mantas. No estamos acostumbrados a vivir en un mundo tan caluroso, por lo que las implicaciones naturales y sociales para nosotros serán dramáticas. Estos cambios, al ritmo al que se vienen produciendo, van a ser, con toda probabilidad, realmente drásticos.

 

el efecto invernadero

El efecto invernadero se produce cuando la atmósfera del planeta contiene gases que retienen el calor. Precisamente son las capas inferiores de la atmósfera las que se calientan, impidiendo la llegada de más calor a las capas superiores y hacia el espacio.

 

 

El aumento de la temperatura de la Tierra está provocado por la actividad humana

Cientos de estaciones localizadas por todo el planeta detectan un importante incremento en la cantidad de dióxido de carbono que se concentra en la atmósfera, coincidiendo los resultados de todas ellas. Por los registros históricos sabemos que, antes de que comenzara la revolución industrial, a lo largo del siglo XIX, las concentración natural de CO2 en la atmósfera era de 280 partes por millón (ppm). Hoy en día esa concentración supera las 480 ppm y continúa en ascenso. A pesar de ser una cantidad muy pequeña de gas, puede producir grandes cambios en la temperatura de la Tierra. Como la atmósfera está compuesta principalmente de un gas inerte, el nitrógeno, lo que realmente debemos tener en cuenta es la cantidad de dióxido de carbono que hay en la atmósfera. Como ejemplo ilustrativo, si diluimos tinta en un recipiente de agua hasta alcanzar una proporción de 280 ppm, notaremos un oscurecimiento del agua. Si diluimos más tinta, hasta alcanzar las 560 ppm, la oscuridad será notable.

 

demostracion con tinta sobre el co2

Dan Miller explica, de forma muy gráfica, cómo una proporción aparentemente pequeña de CO2 en la atmósfera puede tener dramáticas consecuencias. La imagen enlaza a la web sobre clima de Dan Miller.

 

Existen multitud de pruebas empíricas que demuestran que el dióxido de carbono produce un aumento del efecto invernadero. En este sentido hemos visto cómo se ha demostrado en laboratorio que el dióxido de carbono absorbe radiación infrarroja. Debemos añadir que las medidas tomadas desde satélite confirman que está saliendo menos radiación infrarroja al espacio en las zonas del espectro en las que absorbe el CO2. Las mediciones realizadas en la superficie terrestre detectan una cada vez mayor cantidad de energía infrarroja que regresa a la Tierra en esas mismas longitudes de onda. Como resultado de todo ello se viene produciendo una importante acumulación de calor desde hace cuarenta años.

 

la contribucion del hombre al calentamiento global crece

La contribución del hombre la calentamiento global (en rojo) y la debida a factores naturales (en azul). Se aprecia cómo la diferencia de fuerzas crece, en favor del factor humano. Se puede ver el resultado de ambas fuerzas (en gris). Fuente: Gerald Meel et al (la imagen enlaza al artículo original en PDF).

 

El nivel de CO2  sí que es el principal y más determinante en estos momentos, aunque no es el único factor que entra en juego en la temperatura del planeta. Lógicamente, existen factores naturales que intervienen, aunque cada vez con una importancia menor. La radiación que recibimos del Sol es uno de ellos. Parece ser que la actividad solar se viene debilitando en los últimos ciclos de nuestra estrella. Intervienen también las cenizas volcánicas que, en forma de aerosoles, se elevan a kilómetros de altitud, reflejando parte de la luz solar y enfriando ligeramente el clima. Los océanos, además, tienen un importante poder regulador, siendo capaces de acumular enormes cantidades de energía durante años, aunque en ocasiones pueden soltarla a la atmósfera con relativa violencia.

Tenemos un panorama en el que intervienen múltiples factores naturales al que se suma, desde los inicios de la revolución industrial, el humano. Con el fin de producir energía, estamos consumiendo las reservas de combustibles fósiles que retienen inmensas cantidades de dióxido de carbono atrapado hace millones de años por antiguos seres vivos. El problema surge porque la Tierra no está preparada para absorber todo ese CO2 extra que estamos liberando, especialmente, en el último siglo y medio.

 

el ciclo del carbono

Los seres humanos estamos enviando dióxido de carbono a la atmósfera que no puede ser absorbido por la naturaleza. Fuente: NASA, traducido por el autor.

 

Los estudios geoclimáticos han demostrado que el clima terrestre se regula por medio del ciclo carbono-silicato, por una combinación de los efectos del agua líquida, el CO2 y el vapor de agua de la atmósfera además de la tectónica de placas. El CO2 de la atmósfera reacciona con los silicatos de las rocas de la superficie a las que se fija formando carbonatos. Estas nuevas rocas, a escala geológica, acaban siendo conducidas a las zonas de subdución de placas, donde se disuelven. El CO2 vuelve a la atmósfera después en las erupciones volcánicas.

Sin pretender entrar en detalle en este artículo concreto, añadiremos que la aparición de la vida en nuestro planeta ha tenido importantes consecuencias en la proporción de gases de la atmósfera. Así, básicamente, la enorme masa vegetal que lo habita consume dióxido de carbono (reteniéndolo) y produce oxígeno mediante la fotosíntesis. Los animales consumen oxígeno y producen dióxido de carbono en la respiración. La masa vegetal de todo el planeta, incluída la que reside en los océanos actúa también como un regulador del nivel de dióxido de carbono o CO2, capturando ingentes cantidades del mismo. Los problemas comienzan a aparecer cuando los mecanismos de absorción del dióxido de carbono que hemos visto no pueden retenerlo al ritmo que este gas se incorpora a la atmósfera.

 

En próximos artículos trataremos otros de los muchos argumentos que explican que el cambio climático está siendo producido por el hombre. Hablaremos de la importancia del vapor de agua y su relación con el CO2, además de tratar el tema de las gráficas de evolución de temperaturas.

 

Referencias

John Cook, Climate Communication Fellow en el Global Change Institute de la Universidad de Queensland
Skeptical Science

Sección en castellano de Skeptical Science
Skeptical Sciencie

Markus Huber & Reto Knutti en Nature:
Anthropogenic and natural warming inferred from changes in Earth’s energy balance

Ignasi Ribas Fernando Ballesteros Límites de la zona habitable: el CO2 como termostato.
Exoplanetas y Astrobiología
(Universitat Internacional Valenciana, 2010)

 

 

 

Esta entrada fue publicada el Wednesday, June 20th, 2012 at 14:45 y se encuentra archivada en la categoría de Energía. Puedes seguir los comentarios a esta entrada por medio de RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.

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